Cómo arreglar pequeñas averías de fontanería en casa tú mismo

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Un grifo que gotea, una cisterna que no para de correr o un desagüe atascado son problemas de fontanería tan habituales como molestos, y la buena noticia es que muchos de ellos puedes resolverlos tú mismo sin llamar al fontanero. Aprender a arreglar estas pequeñas averías domésticas no solo te ahorra dinero, sino también el agua que se desperdicia y la espera hasta que llega un profesional. Eso sí, conviene saber distinguir lo que está a tu alcance de lo que es mejor dejar en manos expertas.

En esta guía repasamos las averías de fontanería más comunes en casa y cómo afrontarlas paso a paso, además de los casos en los que merece la pena llamar a un profesional. Manos a la obra.

Antes de empezar: corta el agua y prepara lo básico

Por sencilla que parezca la reparación, el primer paso en cualquier trabajo de fontanería es siempre cerrar el paso del agua, ya sea la llave concreta del aparato sobre el que vas a trabajar o, si no la encuentras o no existe, la llave general de la vivienda. Saltarse este paso es la causa número uno de pequeñas inundaciones domésticas, así que nunca lo pases por alto. Una vez cerrada el agua, conviene abrir el grifo correspondiente para liberar la presión y vaciar el agua que quede en la tubería antes de desmontar nada. Tener a mano un cubo y unos trapos te ahorrará más de un susto, porque siempre queda algo de agua en el sistema.

En cuanto a las herramientas, la mayoría de estas reparaciones básicas se resuelven con un equipo muy sencillo que conviene tener en casa, como una llave inglesa o de fontanero, unos alicates, destornilladores y poco más. También resulta muy útil contar con repuestos habituales como juntas, gomas y cinta de teflón para las roscas, que cuestan muy poco y solucionan la mayoría de fugas. Si todavía no tienes lo esencial, te vendrá bien repasar las herramientas básicas de bricolaje que no deberían faltar en ningún hogar. Con la llave cerrada y el material preparado, ya puedes afrontar la reparación con tranquilidad.

Las averías más comunes y cómo resolverlas

El grifo que gotea es seguramente la avería estrella, y en la mayoría de los casos la causa es una junta o pieza interior desgastada que ha perdido su capacidad de sellado. Con el agua cortada, se desmonta el grifo con cuidado, se localiza la goma o el cartucho deteriorado y se sustituye por uno nuevo del mismo modelo, un arreglo sencillo que acaba con ese goteo constante que tanto molesta y que dispara el consumo de agua. Algo parecido ocurre con la cisterna del inodoro que no deja de correr, donde el problema suele estar en el mecanismo interior, ya sea la boya, la válvula de entrada o la de descarga. Levantar la tapa de la cisterna y observar el funcionamiento permite identificar la pieza defectuosa, que normalmente se cambia con facilidad por un repuesto estándar de los que se encuentran en cualquier ferretería.

Los atascos en desagües son otra avería muy frecuente, sobre todo en fregaderos y lavabos, y muchas veces se solucionan sin productos agresivos. A menudo basta con desenroscar y limpiar el sifón, esa pieza curva bajo el desagüe donde se acumulan restos, teniendo siempre un cubo debajo para recoger el agua. En otros casos, una ventosa o un desatascador manual resuelven el problema con un poco de insistencia. Conviene evitar abusar de los productos químicos desatascadores, ya que son agresivos con las tuberías y el medio ambiente, y dejarlos solo como último recurso. Mantener una rutina de limpieza de los desagües previene la mayoría de estos atascos antes de que se conviertan en un problema serio.

Truco Bricotips: cuando cambies una junta o una pieza, llévate siempre la antigua a la tienda para comprar exactamente el mismo modelo y medida. Es la forma más sencilla de evitar volver a casa con un repuesto que no encaja y tener que repetir el viaje.

Cuándo es mejor llamar a un profesional

Tan importante como saber qué puedes arreglar es reconocer los límites de lo que conviene hacer por cuenta propia, porque en fontanería un arreglo mal hecho puede acabar en una avería mucho más cara. Las pequeñas reparaciones que hemos visto, como cambiar juntas, mecanismos de cisterna o limpiar sifones, están perfectamente al alcance de cualquier aficionado con un poco de cuidado. Sin embargo, hay situaciones en las que lo más sensato es no arriesgarse y recurrir a un fontanero profesional, sobre todo cuando se trata de fugas en tuberías empotradas, problemas de presión en toda la vivienda, intervenciones en la red general o cualquier avería que implique soldadura o manipular instalaciones complejas.

El criterio es claro: si la reparación requiere conocimientos que no tienes, herramientas especializadas o tocar elementos que, mal resueltos, pueden provocar una fuga importante o un daño en la estructura de la casa, el ahorro de hacerlo tú mismo no compensa el riesgo. Un profesional no solo resuelve la avería con garantías, sino que detecta problemas de fondo que a ojos inexpertos pasarían desapercibidos. Saber pedir ayuda a tiempo también forma parte de un buen bricolaje, y reconocer cuándo un trabajo te supera es una muestra de sensatez, no de fracaso.

Pequeños arreglos, grandes ahorros

Aprender a resolver las pequeñas averías de fontanería de casa es uno de los conocimientos de bricolaje más rentables que puedes adquirir, porque te permite acabar con goteos, atascos y fugas menores de forma rápida, económica y sostenible. Cerrando siempre el agua antes de empezar, contando con unas herramientas básicas y unos cuantos repuestos, y atreviéndote con las reparaciones más sencillas, ganarás autonomía y dejarás de depender del fontanero para cualquier minucia.

Eso sí, mantén siempre presente dónde está el límite y no dudes en llamar a un profesional cuando la avería sea seria o te supere. Con esa combinación de iniciativa y prudencia, tendrás tu hogar a punto y bajo control. ¿Qué pequeña avería vas a solucionar primero?



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